miércoles, 1 de junio de 2011
lunes, 16 de mayo de 2011
sábado, 13 de diciembre de 2008

-¡Caramba! -exclamó Topo una noche mientras salía de su madriguera-. ¿Qué es eso?
La luna estaba suspendida en el cielo, encima de él, como una brillante moneda de plata. Topo pensó que aquella era la cosa más bonita que jamás había visto.
-Sea lo que sea, quiero tenerlo -pensó Topo-. ¡Ya sé, ya sé! Saltaré hacia arriba y lo bajaré.
¡BOING! ¡BOING!
-¡Topo! -dijo Conejo-. ¿Qué zanahorias estás haciendo?
-Hola, Conejo -respondió Topo-. Estoy intentando bajar esa cosa brillante de allá arriba.
-¿Te refieres a la Luna? -preguntó Conejo.
-¡Ahora ya sé cómo se llama -contestó Topo.
-Nunca lo conseguirás -afirmó Conejo-. No está tan cerca como parece.
Pero Topo no estaba dispuesto a rendirse.
-Ya lo tengo -pensó-. Cogeré un palo y le daré golpecitos a la Luna hasta hacerla caer.
Encontró un palo largo e intentó alcanzar la Luna.
¡FIIUU! ¡FIIUU!
-¡Topo! -gruñó Erizo-. ¿Qué caracoles estás haciendo esta vez?
-¡Hola, Erizo! -saludó Topo-. Estoy intentando bajar la luna.
-Nunca lo conseguirás -afirmó Erizo-. No está tan cerca como parece.
Pero Topo no estaba dispuesto a rendirse.
-Ya lo tengo -pensó-. Le lanzaré algo y, con el golpe, la derribaré.
Encontró algunas bellotas y las tiró en dirección a la Luna.
¡ZAS! ¡ZAS! ¡ZAASS! ¡ZAASS!
-¡Ayy! -protestó Ardilla-. Topo ¿es que te has vuelto loco?
-Hol, Ardilla -saludó Topo-. Estoy intentando guardar la Luna de un bellotazo.
-Nunca lo conseguirás -afirmó Ardilla-. No está tan cerca como parece.
Topo nunca había trepado antes a un árbol. Fue un trabajo duro, sobre todo porque le daba miedo estar tan lejos del suelo. Pero siguió adelante hasta que vio que la Luna casi rozaba las hojas de la copa del árbol, encima de él.
Topo estiró sus brazos todo lo que pudo, pero justo cuando creyó que ya tenía la Luna… ¡Resbaló!
¡Oh! ¡Ayy! ¡Auu! ¡Ooh!
Topo fue cayendo a trompicones y aterrizó,¡CHOOFF!,en medio de un charco.
-¡Córcholis! ¡Qué mala suerte! -pensó Topo-. ¡Esta vez casi lo consigo!
Entonces se dio cuenta de que algo flotaba dentro del charco que tenía al lado. Estaba muy pálida y arrugada, pero incluso así, Topo la reconoció enseguida.
Topo se sentó dentro del charco y rompió a llorar.Conejo, Erizo y Ardilla se acercaron corriendo hasta él.
-¿Te encuentras bien, Topo? -preguntó Conejo.
-Oh, Topo -dijo Conejo-. no has podido bajar la Luna.
-Y no has podido romperla -afirmó Erizo.
-Y seguro que volverás a verla -añadió Ardilla-. ¡Mira allí arriba!
-¡Oh! -susurró Topo-. ¡Y está más bonita que nunca!
Topo, Conejo, Erizo y Ardilla se pusieron de pie y juntos miraron fijamente a la Luna.
-Es hermosa -dijo Conejo.
-Muy hermosa -afirmó Erizo.
-Realmente muy hermosa -añadió Ardilla.
sábado, 4 de octubre de 2008
¿Por qué el abeto y el pino conservan sus hojas?
Una vez, hace mucho tiempo, empezó a hacer mucho frío porque el invierno se acercaba. Todos los pájaros que se iban cuando llegaba este momento en busca de sitios más cálidos ya habían partido. Sólo quedaba un pobre pajarito que tenía un ala rota. El pobre pensaba que si no encontraba pronto un lugar donde refugiarse se moriría de frío, miró alrededor y vio un montón de árboles que seguro que le prestarían cobijo.Saltando y aleteando cuando podía, llegó al bosque y encontró un árbol que le impresionó por lo grande que era y lo fuerte que parecía, era un roble, el pájaro le pidió permiso para refugiarse entre sus ramas hasta la llegada del buen tiempo. El roble le dijo, muy enfadado, que si le dejaba picotearía sus bellotas y le echó de mala manera.
El pájaro vio un árbol precioso de hojas plateadas y tronco blanco, era un álamo y pensó que le daría refugio. Le contó su problema y el álamo le echó con cajas destempladas diciéndole que iba a manchar sus bonitas hojas y su blanquísimo tronco.
Cerca de allí había un sauce que con sus largas ramas colgando hasta el suelo le pareció al pajarito que sería una buena casa para los fríos que se avecinaban. Pero igual que los demás le rechazó argumentando que no trataba nunca con desconocidos y pidiéndole que se marchara cuanto antes.
El pajarito empezó a saltar como podía con su ala rota sin llevar un rumbo fijo, un abeto le vio y le preguntó que le pasaba, el pobre se lo contó y el abeto le ofreció sus ramas mientras le indicaba donde hacía más calorcito. El pájaro le explicó que sería para todo el invierno y el árbol le dijo que así tendría compañía. El pino, que estaba cerca de su primo el abeto, se ofreció para protegerle del viento ya que sus ramas eran más grandes y fuertes.
El pájaro se preparó un lugar bien abrigadito en la rama más grande del abeto y protegido del viento por el pino se dispuso a pasar el invierno. El enebro se ofreció para que pudiera comer de sus bayas y no muriera de hambre.
Estaba muy contento y charlaba con sus amigos, los demás árboles hacían comentarios despectivos sobre ellos.
Aquella noche empezó a soplar el Viento del Norte fuerte y frío, iba pasando de árbol a árbol y sus hojas iban cayendo una tras otra. De pronto giró y de dirigió hacia donde estaban los amigos del pajarito, el Rey de los Vientos le frenó y le dijo que podía desnudar a todos los árboles menos a los que habían ayudado al pájaro.
El Viento del Norte los dejó en paz y conservaron sus hojas durante todo el invierno y desde entonces siempre ha sido así.
martes, 20 de mayo de 2008
El mono imitamonos
HABÍA una vez un mono que se lo pasaba muy biensubiéndose a los árboles y colgándose de sus ramas.
Unas veces se colgaba con las manos y otras con los pies.
Y cuando oscurecía y muy bien no se veía,
el mono parecía un pijama puesto a secar.
Este mono era un mono imitamonos.
Que un mono se comía un coco, pues él se comía otro.
Que su madre chillaba, pues a chillar él también.
¡Y hay que ver lo bien que sonaba!...
...Y andando, andando, llegó a un parque.
El mono entonces no se pudo contener, y de un salto se subió a un árbol.
En el parque había un señor calvo sentado en un banco.
El mono, al verle, bajó del árbol y se sentó en otro banco.
Y al poco rato pasó por ahí Don Paco, que, después de la comida volvía a la oficina.
-¿Eh? ¿Qué estoy viendo? ¿Un mono sentado en un banco? -dijo todo asustado-
¡A lo mejor es fiero!
Y Don Paco, quer era un poco miedica, se dio la vuelta a toda prisa.
-¡Socorro, socorro, un mono! -gritaba mientras corría.
Y el mono, que le vio, le imitó y echó a correr detrás de él.
Y así dieron muchas vueltas por una plazoleta, hasta que el mono se cansó y volvió al banco a sentarse otro rato.
Pero Don Paco siguió corriendo durante mucho tiempo, pues tan nervioso estaba que no se dio cuenta de que el mono había vuelto al banco a sentarse otro rato.
Y cuando, por fin, vio que ningún mono le seguía, dejó de correr a toda prisa y se fue despacio a la oficina.
-Eso del mono es muy raro-se decía-.
Ha debido de ser una visión. Cosas de la digestión. ¡No vuelvo a comer perejil con jamón!
Mientras, el mono seguía en el banco descansando un rato.
Y pasó por allí una vieja que todos los días se daba una vuelta.
-Buenas tardes-dijo la vieja al mono. Y el mono la imitó y dijo:
-Buenas tardes-él también. Pero no le salió muy bien, porque eso de hablar es cosa muy difícil para todo animal.
-Debe de ser aleman. Se le entiende muy mal. -Se dijo la vieja-.
Pero, ¿qué digo? Más bien tiene cara de chino. Y, pasito a pasito, se alejó despacito...


